Borré todas las huellas que encontré
a mi alrededor
porque no quería seguir los pasos de
nadie,
sólo distinguir las mías en la arena
cuando mirase hacia atrás.
El camino se iba haciendo por momentos
más largo y angosto,
y en más de una ocasión tuve miedo
por si no era capaz de volver a
respirar.
Es todo tan difícil
cuando te falta el oxígeno,
cuando te fallan las fuerzas
cuando todos los demás están tan cerca
y tan lejos a un mismo tiempo.
Y el sendero sigue ante ti,
es lo único que permanece constante
aunque no sepas si serpentea
formando un zigzag
o una espiral infinita.
Qué te queda si no es calmar la sed
y continuar hacia delante,
ignorando si rezar por
salir del laberinto
o por encontrar al minotauro cuanto
antes.